Por Sergio González Levet

¡Láaastima, margaritos!

 

Con el arrollador triunfo tetraestatal del PRI en su histórico súper domingo anteayer, todo indica que el camino de regreso a Los Pinos se le ha abierto pleno, pavimentado, seguro.

Enrique Peña Nieto se apresta a redoblar su trabajo para lograr la candidatura a fines de este año o principios del próximo, y para ganar el domingo 1º de julio de 2012 con un amplio margen, que le permita sortear los cochupos, chicanadas y marranadas que le querrán hacer quienes piensan que lograrán mantenerse en el poder, después de 12 años en que han hartado el pueblo mexicano, primero con las veleidades de Vicente Fox y después con el carácter atrabiliario de Felipe Calderón.

Sin embargo, junto a los peñanietistas y a muchos priistas verdaderos y convencidos, hay un cúmulo de parásitos que vivieron de las glorias tricolores cuando el partidazo se mantuvo en el poder, y que piensan que ahora regresarán los tiempos en que se sirvieron con la cuchara grande de la corrupción: hermanos incómodos y toda la otra parentela posible, compadres ambiciosos, colaboradores oficiosos, amigos de la infancia, noviecitas de todos colores y sabores.

Son los que ya se soban las manos de gusto porque piensan que podrán volver a gozar de sueldos quincenales como aviadores, de apoyos de cualquier laya, de ayudas de renta y de despensa, de dispensa de todo tipo de pagos, de la posibilidad de hacer negocios sin tener que invertir ni arriesgar un solo peso.

Se soban las manos pensando en que la gloria regresa a ellos, pero no les tocará, porque el nuevo PRI que llegará no es el mismo de antes, no lo puede ser.

Por principio de cuentas, los dinosaurios ya no tendrán la preeminencia que tuvieron, y las leyendas vivas o muertas ya no podrán cobijar a tantos charlatanes que medraron a sus sombras protectoras.

Llegará con el nuevo PRI una generación en la que sólo tendrán cabida quienes sean verdaderamente preparados, quienes tengan la experiencia de la chamba, quienes sean productivos y conozcan el trabajo de la administración pública, no el chismecito y la grilla.

Con el triunfo tricolor llegará una nueva clase al poder, para la que no cabrán los aduladores, los desleales, los mentirosos, los ignorantes, los soberbios, los corruptos.

¡Láaastima, margaritos!