La bandera brasileña, conocida como la auriverde, contiene en la cinta que rodea al globo azul en su centro el texto “Ordem e Progresso” (Orden y Progreso) que está inspirado en el lema del positivismo de Auguste Comte: “L’amour pour principe et l’ordre pour base; le progrès pour but” (“El amor por principio y el orden por base; el progreso por fin”, en francés).

En esos dos elementos centraban la base filosófica de su país los forjadores de la república brasileña en el siglo XIX, y han permanecido hasta hacer del gigante del sur una nación en la que impera la buena organización y que se proyecta en el futuro como una de las principales economías del mundo.

Orden y progreso, entonces, son dos factores que inciden definitivamente en la concepción de un buen gobierno, y por ello no es gratuito que orden y progreso es lo que ha venido ofreciendo el gobernador Javier Duarte a los veracruzanos como divisa de su administración.

En esa tesitura deben entenderse los acomodos administrativos, primero, que se hicieron la semana anterior y ahora los acomodos de personal en varias áreas del gabinete, anunciados ayer por el doctor Duarte.

Son ajustes necesarios para que la maquinaria camine mejor, para que los resultados se multipliquen, para que haya aún mejores respuestas a las necesidades ciudadanas.

Raúl Zarrabal Ferat y Pedro Rojas Aldana sacarán adelante el ambicioso programa para consolidar la obra carretera en la entidad.

Fabrizio Aguilar se regresa al DF, a la representación del Gobierno estatal, en donde serán mejor aprovechados su conocimiento y sus relaciones, mientras Guillermo Herrera aplicará su ímpetu para revisar concienzudamente y/o impulsar los avances del Plan Veracruzano de Desarrollo.

Agustín Mollinedo y Javier Ortiz ocupan naturalmente las direcciones que se crearon con la desaparición de la Junta Estatal de Caminos y Maver.

El enroque de Gabriel Deantes Ramos y Edgar Spinoso Carrera obedece a la necesidad de tener una persona de todas las confianzas en un área sumamente delicada.

Son ajustes necesarios que ofrecen la visión de un gobernador que hace lo que tiene que hacer, que realiza movimientos de sus piezas para que el tablero se acomode a su objetivo fundamental: hacer un gobierno histórico; de un Gobernador que no se queda pasmado en la indecisión, que propone y adelanta sus peones de manera agresiva, en el mejor sentido del término.

Pareciera sencillo… para Javier Duarte lo es.