Una vez anunciada la ampliación del Puerto de Veracruz, sería adecuado concentrarnos en el sector básico de la producción, el campo. En las últimas décadas ha habido una explosión urbana: la mayor parte de los habitantes rurales se mudaron a las ciudades, y en la mayor parte del territorio ahora encontramos carreteras, telecomunicaciones y la presencia de la mano negra del mercado.

Durante los próximos años el crecimiento industrial estará ligado a los nuevos puertos de Tuxpan, Veracruz y Coatzacoalcos, y digo nuevos porque todos están sufriendo modificaciones de infraestructura y administrativas (la primer zona naval ahora está en Veracruz).

Por lo mismo, el “mercado” requiere de carreteras eficientes y seguridad en ellas para transportar las mercancías, un primer objetivo económico de la siguiente (corta) administración. Después, la cadena continúa interminable hacia arriba: facilidades a la industria, inversión pública, rescate financiero, etc.

Hacia abajo sólo queda el campo.

Por lo mismo, invertir en proyectos productivos, organizar a los productores, dar “incentivos” para fortalecer la distribución en el mercado interno y su comercialización son actividades relativamente sencillas de emprender.

De igual modo, dotar a la población rural de una educación de calidad es más sencillo que hacerlo en las zonas urbanas. Aún existe un atraso educativo singular en distintas partes rurales del estado, por lo que tendríamos que abatir el analfabetismo, rescatar la infraestructura educativa rural y mejorar la calidad de los maestros y los alumnos.

Incluso, son necesarios programas para la mujer, los jóvenes y el sector vulnerable de la población.

De esta manera, en un par de años se podrían tener grandes resultados sobre el sector primario de la producción, que debe crecer similar a la producción industrial, pues también requiere de materias primas, de alimentos y de entretenimiento y también se lograrían mejoras sustanciales en la calidad de vida de muchos veracruzanos que dependen del campo, como los cañeros y los cafeticultores, sí, pero también pequeños productores de muy diversos productos agrícolas y ganaderos.

Y es en este momento cuando una visión interdisciplinaria debe surtir efecto para fomentar una producción orgánica, acorde al medio ambiente. Ya entrados en gastos, también aquí es donde debería fomentarse una cultura alimentaria en función del bien de la humanidad, no de la industria ganadera.

Por otro lado, la administración puede abrir un frente de protección al ambiente, que estimule al sector industrial a estrechar sus vínculos con el sector primario y así fortalecer la producción estatal, pues con esta se pueden lograr acuerdos arancelarios, pero si no existe nada qué comerciar, pues no hay nada qué hacer.

Estas ideas son esbozos de actividades que cualquier gobierno liberal podría realizar, si tuviera como objetivo mejorar sustancialmente la calidad de vida del pueblo al que dirigen, y no precisamente mejorar la calidad de vida de los dirigentes.

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