Se pueden decir muchas cosas de Gerardo Buganza Salmerón, buenas y/o malas,

pero resulta innegable que es un tipo de ideas firmes y convencidas.

La convicción es su divisa.

Convicción en lo político; convicción en lo personal; convicción en lo religioso.

Por eso no es tan sorprendente su decisión de renunciar a su candidatura

independiente, la que trabajó con tanto ahínco, con tantos meses y con tanto

denuedo… y a la que le invirtió tantos recursos también.

No obstante, por motivos que pocos conocen ayer cambió radicalmente su

percepción, justo cuando estaba a punto de ser registrado como el primer

candidato independiente hacia la gubernatura de Veracruz.

Se dio cuenta de que no iba a obtener los votos necesarios para el triunfo. Echó

cuentas y vio que los dineros no le iban a alcanzar más. Calculó que otros u otros

candidatos iban delante de él.

Y como es hombre de ideas firmes, tomó la decisión de renunciar.

Lo hizo sin presiones -ummm- externas; sin que nadie le recomendara nada; sin

que mediara alguna otra voluntad que no fuera la suya, propia, firme, convencida.

No era plan B de nadie. No fue aspirante por encargo. No recibió línea a favor –

antes- ni en contra –ahora-.

No obstante, la renuncia de Gerardo Buganza a la candidatura independiente

mueve el mapa electoral en Veracruz, y el movimiento resulta a favor del que será

abanderado priista, Héctor Yunes Landa.

Las cuentas de los enterados, de quienes saben leer los números reales de las

encuestas reales, dicen que Gerardo Buganza iba a atraer una parte del voto que

ahora simpatizará con el candidato priista. Y en contraparte, ya no iba a mermar la

intención del voto azul en favor de Miguel Ángel Yunes.

Al renunciar a Acción Nacional hace seis años, Buganza escindió al panismo y se

llevó con él a un grupo que en su momento fue considerable y abundante. Ese

cúmulo de votos se sumó a la candidatura priista en la elección de julio de 2010.

Fue notable en la derrota del PAN.

Pero ahora Buganza ya no concita las simpatías azules, porque desde hace años

está fuera del que fuera su partido original, como lo están quienes fueron sus

seguidores. La intención del voto que hubiera podido tener se ubicaba ahora entre

militantes y simpatizantes de otros partidos. Iba a restar votos a Héctor Yunes

Landa, no a su primo Miguel Ángel Yunes Linares.

Aunque no le fue sugerida, la renuncia es buena para el PRI y sus intereses. Son

cosas de la política, que siempre tiene daños y beneficios colaterales.

No sabemos qué hará en adelante don Gerardo, si seguirá participando en la vida

pública o se retirará a sus negocios particulares.

Seguramente seguirá acudiendo a misa y a comulgar todos los días, como es su

convicción.

Del mismo modo, es probable que emita su opinión en favor o en contra de los

candidatos que perduran en la contienda.

Lo único seguro es que se bajó del caballo porque quiso, aunque benefició sin

querer a uno de los candidatos.

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