Por: Roberto Valerde García

 

*** Tierra Blanca, el infierno detrás de las apariencias

 

Por su extensión territorial (1,522 kilómetros cuadrados), Tierra Blanca es uno de los cinco municipios más grandes, de los 212 que tiene la entidad veracruzana. Hace por lo menos un cuarto de siglo, este municipio tuvo un importante auge económico por su actividad agrícola y ganadera. Hasta la fecha sigue siendo una de las regiones altamente productoras de caña de azúcar, maíz y mango, así como de ganado bovino, porcino, apicultura y avicultura. También fue un importante centro de operaciones ferroviarias y por ende asentamiento de familias de trabadores de la extinta Ferrocarriles Nacionales de México.

Sin embargo, como el Macondo de Gabriel García Márquez en “Cien Años de Soledad”, a medida que Tierra Blanca cobró relevancia, que se fue poblando, extendiendo y progresando, entre calles polvorientas, escaso viento y el calor obsesivo y agobiante, llegaron entonces los comerciantes, petroleros, médicos, catedráticos y más jerarcas religiosos.

Fue así como aquella apacible localidad, puerta de entrada hacia el sureste del país, se convirtió en una ajetreada comunidad donde una gran parte de su población vive de las apariencias, muchos nativos de este municipio emigraron a los Estados Unidos y envían dólares a sus familias y con poquito se quieren dar la gran vida, mientras que otros mejoraron efímeramente su condición económica porque entraron a la “próspera empresa” del crimen organizado y es que en muchos de los casos sólo les han dado a elegir entre dos sopas: ¿plata o plomo?

En las últimas semanas este municipio ha saltado a la palestra nacional, lo mismo por el sin número de casos de males renales y los muchos niños, mujeres y hombres que han muerto a consecuencia de dicho padecimiento, por los chupaductos, los abusos contra migrantes que viajan en “la bestia”, los cinco jóvenes desaparecidos y para rematar, por la detención del presunto líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en Tierra Blanca, Francisco Navarrete Serna.

Existe una máxima que dice: “Pueblo chico, infierno grande”, la cual aplica perfecta para la cabecera de Tierra Blanca, sumida hoy en el descrédito, donde renombradas familias estrechamente vinculadas a la iglesia, enarbolan las banderas de la doble moral y la hipocresía, con negocios turbios, amantes y casas chicas, incluso entre familiares, secretos inconfesables. Prefiero omitir nombres y apellidos, porque por esta ocasión no es el tema.

Lo que nadie dice, es que todos estos males han crecido a la sombra y amparo del Partido Acción Nacional, el PAN. Para nadie es un secreto que desde 1998, Francisco Arano Montero ganó la alcaldía de Tierra Blanca para el PAN, después le cedió la estafeta a Gabriel Cárdenas Hernández, de ahí gobernó el Partido Verde con  Tío Miguel (Miguel Ricardo Pulido) ya fallecido. Luego vino por segunda ocasión el panista Francisco Arano Montero y sus homólogos albiazules Alfredo Osorio Medina (que brinca de un partido a otro), Tito Delfín Cano (también ex alcalde de Villa Azueta) y actualmente, Saúl Lara González.

Pitágoras no se equivoca y al sumar, el resultado son 18 años de permisibilidad, corrupción, complicidad, tolerancia, 18 años en los que la delincuencia creció como la espuma, la policía municipal fue infiltrada y células del crimen organizado asentaron sus cuarteles de operación en esta tierra caliente, climática, social y políticamente hablando.

Afirman los politólogos que cada pueblo tiene el gobierno que merece y los terrablanquenses hoy tienen las autoridades que ellos mismos han elegido y cosechan lo que sembraron con su cómplice silencio. Ahí se conocen entre todos, corren por doquier los dimes y diretes de las y los chismosos del pueblo, todos saben quién anda en malos pasos, quién se acuesta con quién, quién o quienes de la noche a la mañana, de la nada, tienen dinero, casas, ranchos, ganado, autos, motos, camionetas, negocios, pero nadie dice nada, nadie denuncia, ni siquiera de forma anónima a los números creados ex profeso para ello por las autoridades estatales y ya ni decir de la PGR, la Marina o el Ejército.

Hace algún tiempo Santiago Marroquín (Juan Pablo Escobar) hijo del tristemente célebre Pablo Escobar Gaviria confesó en entrevista con la periodista de CNN en Español, Carmen Aristegui, que en la década de los 80´s su padre y la familia vivieron en Nicaragua y tuvieron la protección del gobierno de Daniel Ortega y del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

¿Ha sido el mismo caso de los gobiernos del PAN en Tierra Blanca?, ¿Cómo pueden explicar y/o justificar los ex alcaldes antes mencionados que el crimen organizado creciera y hasta se asentara en este municipio? ¿No fue también el corredor Tierra Blanca-Tres Valles-Tuxtepec, centro de operaciones del llamado “zar de los robacarros”, Rodolfo Patatuchi, asesinado en 2010?

Se trata de un municipio en manos del PAN, altamente explosivo y lo digo en toda la extensión de la palabra, pues con la llegada de la Fuerza Civil, elementos de la Gendarmería Nacional, Policía Federal, la Marina Armada y el Ejército, muchos andan nerviosos, entre ellos los chupaductos, que la semana pasada en un acto desesperado vaciaron miles de litros de combustibles (presuntamente ordeñados) a los drenajes de la ciudad. Ante el hedor los propios habitantes se alarmaron y dieron parte a empleados de Protección Civil municipal quienes revisaron registros y pichanchas, pero una vez más guardaron silencio y, hasta hoy, nadie sabe, nadie supo, oficialmente qué pasó.

Como es obvio, en un golpe de timón, los panistas han tendido una cortina de humo y sus legisladores en el Honorable Congreso de la Unión, intentaron vincular a un presunto delincuente con el diputado federal Tarek Abdalá, pero para ser ciertos, todo parece ser eso, solo humo que pronto se esfumará y muchas, muchas cosas sabremos, conste.  Información, comentarios y sugerencias a rvalerdeg@nullgmail.com.