Los ataques 

Vivimos en una era que no se rige precisamente por el Estado de Derecho, ni por los derechos humanos, ni mucho menos por la ética y la honestidad, no sólo en el servicio público, si no en cualquier ámbito de nuestra vida. No sólo hemos perdido la confianza como sociedad. Nos hemos convertido en todo aquello que nos desagrada de la clase gobernante: somos corruptos al hacer y aceptar un mal trabajo; al querer cobrar a lo gandalla; al querer sacar raja de todo lo que se hace, porque siempre todos los que han estado sacan raja.

Estamos mal

Debemos hacer un autoanálisis y definitivamente dejar de culpar a quien no tiene la culpa, pero también debemos comenzar a castigar a quienes tienen la culpa de gastar mal el dinero, a quienes toman decisiones que dañan el patrimonio o la salud de los mexicanos y veracruzanos. Basta, sin duda, de engañarnos para decir que todo es culpa de quienes gobiernan. Eso es falso, también es culpa de nosotros por aceptar quienes aceptan, dinero para comprar votos, o regalos a cambio de la pluma como podría pasarnos a los reporteros, o con rentas estratosféricas que le pagan a los terratenientes o con moches a crédito para los constructores, o con mordidas a plazos para los agentes que ahora le reconocen autoridad al muerto Martínez Zaleta. No, ya basta. No es culpa de unos cuantos, es culpa de todos nosotros por agachones, por miedosos, por no saber organizarnos y exigir a la autoridad, de cualquier nivel, que rinda cuentas y sea eficiente en su trabajo.

Los ataques II

Al hacerlo así, sólo le damos oportunidad a los políticos corruptos de justificarse, y eso, si me lo permiten, ya no debe continuar.

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