Se fue el Papa. Yo esperaba que su visita pastoral cambiara la realidad, pero parece que la realidad es necia y no le es suficiente para cambiar simplemente porque se aparezca alguien con sotana, por muy lujosa que sea la sotana.

Fuera del beneficio que le trajo a algunos, por ejemplo, hoteleros que multiplicaron varias veces el precio de sus habitaciones, taxistas, restaurantes, no parece haber gran cambio. Alguien equiparó la visita del Papa a un mundial y tal vez no este muy equivocado, excepto que dura menos.

Reconozco que muchas calles cambiaron, algunos baches están tapados, limpiaron algunas calles que ya alcanzaron a ensuciarse, la basura regresó a ocupar el lugar del que fue desplazada temporalmente.

Ahora estamos en una versión muy divertida del circo de las acusaciones.

Que si alguien negoció con los criminales para que decretaran una tregua. No dicen quien tiene esos contactos y esa capacidad de negociación. Pero quien sea que sea, sería bueno que negocie más a fondo para normalizar las cosas, que suspendan los asesinatos y que aparezcan los desaparecidos, y que cesen las desapariciones.

Que si el gobierno ejerció una seguridad desmedida, aunque a final de cuentas la gente pudo acercarse a las vallas y tomar fotos cercanas del Papa. Aquellos que fueron requeridos a estar varias horas en recintos cerrados o al aire libre para algún acto, no parecen estar muy molestos.

Que si los políticos se apoderaron de los mejores lugares en algunas de las reuniones públicas, como por ejemplo las misas. Nadie en su sano juicio puede sostener que la religión es democrática, así que si los políticos se apoderaron de las sillas cercanas al pontífice en las misas, apenas fue congruente con la vieja tradición de la complicidad del poder.

Que si el Estado laico fue pisoteado porque el gobierno gastó una cantidad ingente de dinero para planchar una vista de un líder religioso disfrazado de jefe de Estado. A final de cuentas en un país donde la izquierda se dice Guadalupana, eso del Estado laico parece ser demagogia pura y dura que sirve para acomodar las creencias de los poseedores del poder.

Que si el Papa se fotografió aún con los políticos detestados por su sociedad. Ya nos dirá como cualquier político que el se toma miles de fotos y que ni siquiera sabe quién se le pone enfrente con un teléfono. Ese es el milagro del selfie o de estar cerca de los fotógrafos del poder.

Que si no se reunió con las víctimas porque ese tema ya lo ha cubierto. El Papa sostiene que ya hablo con las víctimas de sus curas pederastas, solamente que en el abuso no existen representaciones y la misericordia no puede ser selectiva.

Que si ignoró a las víctimas del gobierno, que no recibió a los padres de los 43 y hasta se quejaron sus colaboradores por haber sido presionados, pero al parecer, así se lo pidió el gobierno para que no atizara más ese fuego. ¿A poco un gesto evasivo papal es insuficiente para acallar a los agraviados?

Las víctimas no piden consuelo, piden justicia.

El caso es que terminado el espectáculo mediático, las cosas vuelven a donde estaban porque en realidad nada cambia simplemente porque un político visite al país, por mucho que se diga enviado de dios y diga representar a cientos de millones de creyentes en su credo.

El Papa se fue y la realidad retomó su lugar. Finalmente, solo puede ser fue aplazada temporalmente, aunque sea para tratar de cubrir aquello que no se puede eliminar aunque se logre tapar.

Los políticos trataron de apoderarse de la visita papal, trataron de ponerse la medalla de lo que a la iglesia le interesa. Eso está muy bien, a final de cuentas el oportunismo es parte esencial de la política.

Los criminales siguieron haciendo de las suyas en un país dominado por una complicidad perversa entre delincuentes y miembros del Estado. Los muertos son un efecto colateral dirán los políticos.

La política se desató en esa búsqueda desesperada por apoderarse de lo público para beneficiar lo privado. Las campañas se desatan tratando de engañar todo aquello que prohíbe la ley, pero eso también es parte esencial de la política.

Los policías continúan extorsionando a los ciudadanos, con la salvedad que ahora se arman de teléfonos para filmar a los que los filman a ellos. Estamos en la sociedad pos fílmica, donde todo mundo se arma de una cámara para intimidar a los demás.

Todavía quedan los espectaculares que sacan raja de la visita papal, y poco a poco el asunto se va convirtiendo en anécdota.