Sin tacto 

Por Sergio González Levet

 

El Gurú: Amor y elecciones

 

Para Verónica de la Medina, que tanto sabe de esto

 

—Mira, mi querido discípulo -como te gusta considerarte, aunque yo aprendo más de ti al tratar de enseñarte algo-, podrán decirme lo que quieran esos que piensan que el amor es algo tan serio, vasto y profundo que no cabe en la política de los hombres, pero a ellos les contesto de cierto que sin ese sentimiento que, decía Balzac, es la poesía de los sentidos, no se puede hacer política verdadera, social, de bien común.

El Gurú ha puesto en el rostro su expresión más seria, ésa que le aflora cuando trata temas importantes, de manera tal que deja a un lado la ironía y las bromas. Muy serio, pues, y sin soltar la palabra:

—Por eso un gran político fue Jesucristo, que recomendó amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos (y hasta más que a uno mismo), que es el fundamento para quien quiera dedicarse a la función pública, aunque algunos escépticos (¿tú entre ellos?) pudieran pensar que eso es algo que está fuera del tema, y que me estoy saliendo de mis entendederas.

La verdad es que yo comulgo con el maestro en esa idea, pero he aprendido a poner cara de incredulidad, primero para no poner la de tarado que a veces me aparece, y segundo porque con eso fomento las ganas de hablar de mi erudito amigo y consejero. Y sigo escuchando:

—Por principio de cuentas, la política se debe ejercer con amor, es decir, con pasión. El líder que no le pone emoción a sus acciones no sirve para nada: ni para despertar a sus vez emociones entre sus seguidores, entre su pueblo, ni para hacer siempre el mejor esfuerzo, que es la única forma de gobernar bien. Si no amas a los que debes ayudar, poco harás por ellos.

Veo que El Gurú se transforma, se le ilumina la faz, entra una luz en su pensamiento:

—Y por eso una de las mejores áreas de cualquier gobierno es la de la asistencia social, la que trata con los olvidados, con los marginados, con los incapacitados. Para los vulnerables sólo se puede tener amor; es la llama que los impulsa a salir de su condición. Programas pueden ir y venir, pero si quien los ejecuta no ama, nunca tendrán resultados visibles.

En la mesa del café en donde estamos sentados se acaba de posar un pajarillo, pienso que se sintió seguro porque entendió de qué estábamos platicando. Como si fuera algo natural, el maestro siguió hablando sin reparar en esa maravilla:

—Y cuando hablo de amar, también tenemos que entender que el primer amor es el de la pareja, y con él, el de la familia. Quien no tiene amor en su hogar nunca tendrá nada que dar a los demás. Poco puede ofrecer a sus semejantes quien no puede decir a su esposo o a su esposa que vive ese “amor, naciendo siempre, que se anida en el grito de tu sangre”, como cantó tan hermosamente Elías Nandino.

—El amor es el secreto, compañero. Recuerda eso siempre, y recuérdaselo a tu compañera —me dijo El Gurú, a manera de despedida, y se alejó, con el pajarillo revoloteando a su lado.

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