Gerónimo Rosete Pozos

Ciudad de las Flores, en maceta de panteón

Xalapa huele a muerto, a podrido. Xalapa está en la oscuridad, sobrevive

mientras la corrompen, es la víctima de un secuestro a cambio de nada, la

mantienen cautiva desde todos los frentes. Ya no son lejanas las escenas de

barbarie venidas del norte del país.

La vida de las y los xalapeños vale menos que un cuerno de chivo, menos que

el gel con el que se peina el fiscal, menos que la despensa de Américo Zúñiga

comprada en COSTCO, menos que las botas de los policías veracruzanos. La

seguridad en cualquier calle de la capital veracruzana ha sido borrada por la

impunidad con que operan asesinos y ladrones.

Y la culpa, en automático, se le atribuye al mal gobierno, a las instituciones de

justicia y seguridad; es de esperarse. Pero mas allá, haciendo un esfuerzo por

tener serenidad y claridad, el monstruo es más grande y peor que el gobierno

actual; está alimentado de ignorancia, de falta de oportunidades, de educación

sin vocación, de corrupción, de indiferencia.

Sí, gran responsabilidad es del gobierno, pero también, en su justa medida, es

responsabilidad de lo que se da en casa; de cómo las generaciones actuales

han sido formadas o deformadas, de lo que las niñas y niños ven hoy en la

televisión y el cine, de lo que hacen y dejan de hacer adolescentes con padres

que no entienden que desde sus teléfonos celulares tienen acceso a todo tipo

de contenido. ¿Qué podemos esperar?

La sociedad de nuestros días, en su mayoría, está acostumbrándose a ver

como cotidiana a la muerte, la sangre, la bala, el acoso sexual, el abuso. Todos

andamos a las ganadas, queremos ser los primeros en pasar a pagar, los

primeros en hacer la inscripción, los primeros en pitar cuando se pone el verde,

los primeros en despreciar a los que piden ayuda, los primeros sin importar a

quiénes haya que quitar.

Somos muchas y muchos xalapeños y en esa multitud se han degradado los

valores que algún día le dieron el título de Atenas Veracruzana a nuestra

ciudad. Tampoco hay un esfuerzo verdadero del gobierno municipal por

regresarle a la ciudad la categoría que tenía en tiempos de Guillermo Zúñiga,

por ejemplo. La voluntad del político, por dejar algo trascendente en la

mentalidad de las personas, es cambiado por el facilismo de programas que

dan sin resolver en el fondo lo más importante, el sentido cívico de ser un

ciudadano.

No quiero desviar el tema. Los culpables de lo sucedido en La Madame

deberían pagar por los asesinatos, las autoridades deberían apegarse a ley y al

derecho, no a contestar twitts.

Lo que quiero compartirles, aunque estoy seguro que muchas y muchos ya lo

piensan, es que Xalapa ya no podrá ser la misma, nunca. Qué horror, qué

miedo, qué impotencia; y bajo ese contexto quieren que salgamos a votar. Tal

parece, también, que los hechos recientes son actos de terrorismo para

contener la participación el 5 de junio, porque no se ve un esfuerzo de la

autoridad por cambiar la percepción de la ciudadanía; es en ese silencio, en

esa torpeza, en su incapacidad de reacción y prevención, que demuestran la

calidad de funcionarios que son (incluyendo estatales y municipales). Con la

vara que miden serán medidos y con el tufo del agua de florero de panteón se

van apestando.

Por último, una menor estaba en el antro ya mencionado el día del ataque;

¿cómo será la situación en los demás antros de la ciudad? Señoras y señores,

no soy quién para decirles cómo cuidar a sus hijas y sus hijos, pero a las

autoridades de comercio municipal, a la “incorruptible” Clorinda Ferral, sí les

recordamos que no estaría mal hacer operativos en bares.

Así como han sancionado a otros sectores que no lucran vendiendo bebidas

alcohólicas y quién sabe que más, ahora den la cara y expliquen por qué había

una menor en La Madame y si podría haber más en los antros de Xalapa. Diría

mi sabio abuelo: “ahí está la falsedad”. Escriba a mrossete@nullyahoo.com.mx

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