GERÓNIMO ROSETE

¿Sirve la alternancia?

Una democracia no puede ser tal si no existe en ella la alternancia, porque la

continuidad indefinida en sus cargos del o de los mismos titulares del Ejecutivo,

aún en el caso hipotético de que ello sea el resultado de un pronunciamiento

electoral libre del pueblo -sin coacción ni fraude- es, en principio, un factor

negativo y distorsionante para la democracia.

Muchos especialistas consideran que la continuidad indefinida de una persona o

grupo en el poder tiende a provocar el desarrollo de elementos políticos

potencialmente negativos, a acentuar la arbitrariedad y a generar peligrosas

expresiones de autoritarismo, unidas a la posible creencia en la pertenencia

política o personal del poder, que muchísimas veces nace justamente de su

ejercicio prolongado.

Alternancia es la acción y efecto de alternar que, según el Diccionario de la Real

Academia, significa “desempeñar un cargo varias personas por turnos” o

“sucederse unas cosas a otras repetidamente”. Para abrir el panorama y conocer lo

que ha pasado en casos con la alternancia y la reelección –antagonistas, en éste

caso-, les comparto los esquemas constitucionales de algunos países

latinoamericanos.

La Constitución chilena de 1980, que hace durar al presidente en sus funciones

ocho años, prohíbe la elección para el período siguiente (Art. 25). Pero en virtud de

las disposiciones transitorias 13,14, la permanencia en la Presidencia de la

República de la persona que la ocupaba desde 1973 –y desde 1980, en virtud de la

Constitución- habría podido prolongarse hasta 1986.

Un ejemplo digno de destacarse es el del Paraguay: la Constitución enmendada al

respect, en 1977, permitía la reelección indefinida (Art. 173). La Constitución de

1967 autorizaba la reelección por un período consecutivo o alternativo (Art. 173),

sin tomar en cuenta los períodos anteriores para el titular en ese momento de la

presidencia (Art. 236), que la ocupaba desde 1953. La Constitución vigente de

1992, por el contrario, prohíbe la reelección del presidente y vicepresidente (Art.

229).

La Constitución de Cuba, de 1975, dispone que todos los órganos del poder del

Estado son renovables periódicamente (Art. 66 a), pero no limita la posibilidad de

reelección indefinida del presidente del Consejo de Estado y jefe de Gobierno (Art.

72).

La Constitución de Nicaragua, de 1987, no contiene ninguna norma que limite la

posibilidad de reelección del presidente de la República.

Sí, estamos ante un hecho histórico para la política en Veracruz -nunca antes un

gobernador del estado había pertenecido a un partido político que no fuera el PRI-,

pero el cambio de fondo de la alternancia también implica cambiar otras esferas de

poder, no solamente el mando único. Es urgente erradicar todo ello para que la

dichosa alternancia se dé en forma; de no ser así, los resultados esperados podrían

no corresponder a lo viable durante los dos años de gobierno que vienen.

Y para dar respuesta a la pregunta con que titulamos el texto, en una humilde

opinión dentro del contexto de nuestro Veracruz: la alternancia no sabemos si

sirva para el bien común, si sirve para barrer con los cotos de poder actuales y con

vicios políticos que mucho han dañado el progreso de la entidad en todos los

aspectos.

La alternancia habrá servido si en un largo plazo logra restablecer derechos y

garantías que habían sido pisoteadas por el grupo de la fidelidad y sus herederos.

Por lo pronto, ya hubieron sufragios, falta que Miguel Ángel Yunes gane el voto de

confianza de quienes optaron por otras opciones en la boleta electoral. Escriba a

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