Pocas veces he encontrado un epíteto más atinado que el de texto-servidor para esos personajes que llenan páginas de periódico al servicio de intereses políticos, ya sea gobiernos, partidos políticos, e inclusive de empresarios.

No tiene nada censurable que alguien escriba para un patrón, pero tratándose de periodismo la ética exige que se haga público quién es el empleador. Es práctica común en México que el gobierno haga pagos secretos a periodistas, les de contratos jugosos, concesiones de todo tipo, y les facilite negocios. Por supuesto que se espera que a cambio presten servicios propios de su oficio, lo que implica diseminar la verdad que le interesa al patrón, que no necesariamente es la verdad.

El periodismo exige un fuerte apego a la veracidad y para no restringir la libertad de nadie, si prefieren informar una parte distorsionada de la verdad, que sean honestos y digan quién les paga. De otra manera es un engaño a la sociedad que conlleva un impacto severo en la credibilidad en los medios que deben ser un factor de equilibrio al poder. Por eso el epíteto da en el clavo. Aquel periodista que oculta su compromiso pecuniario se prostituye, traiciona a la sociedad y acribilla a la democracia.

Uno de éstos afamados aunque no ilustres personajes, reaccionó ante la tragedia de Nochixtlán con: “Ahí está, querían su muertito”. Como si la lucha social buscara la masacre e inmolación. Sería bueno que haga público a que parte del gobierno le conviene que se crea que los maestros que protestan contra la reforma educativa estaban buscando un muertito.

Es zafio pensar que aquellos que se aventuran a la lucha por sus ideas, por muy acertados que estén, lo hagan con un espíritu martirológico, y que requieran que la sangre corra para tener motivos en la continuación de la lucha. El texto-servidor descalifica las causas del conflicto mostrando una muy mala o digamos perversa intención al sostener que en el fondo la protesta busca muertos. Claro que el muertito deberá ser otro, con lo que la acusación adquiere peor connotación, porque de paso descalifica a los líderes, que supuestamente utilizan a los miembros de su gremio como carne de cañón. Se acribilla a un seguidor que puso su confianza en los líderes. El texto servidor busca causar un daño mayúsculo al descalificar a la lucha y los luchadores.

En la actualidad se hace cada vez más frecuente la imagen de las fuerzas policiacas que se enfrentan a la sociedad; lo encontramos en casi todos los sistemas políticos en el mundo. Esto se llama represión. Solamente que hay distintos sistemas represivos, aunque todos involucran una cierta cantidad de brutalidad y exceso, que dispara energías en ambas direcciones aunque no de la misma cantidad y calidad. En esto de la represión las leyes de Newton no se cumplen. Esto sin embargo, no existe para el texto servidor. Él justifica la represión brutal, el asesinato de inocentes, porque según él, lo que buscaban era esa represión como si fuera la sangre que alimentara al cuerpo social que protesta.

Es cierto que alguien puede buscar daños en sus filas para ganar una posición de negociación más favorable. Lo hicieron los nazis, lo hace Hamas. Hay quién usa escudos humanos, sabiendo que la fuerza represiva los dañará, pero también es cierto, que la mayoría de la gente sale a la calle pensando que el gobierno tendrá sensibilidad y no alineará las armas contra gente inerme. El gobierno debe entender que la protesta social no es una declaración de guerra, es un reclamo para que cambie algo con lo que hay desacuerdo. El texto servidor cuestiona la representatividad de los que protestan, pero olvida y no le importa que sus jefes no lograron mayoría para gobernar. El se satisface con el dinero.

En Nochixtlán, aunque lo niegue el gobierno, las imágenes no mienten y muestran que la policía disparó con armas de alto poder en contra de la gente. Esa evidencia es irrelevante para el texto servidor, porque parte de su compromiso consiste en contradecir a la sociedad para darle la razón a sus patrones.

El fuego del gobierno contra la sociedad debe ser la última de las últimas respuestas, y no ser usada para matar. Para contener la protesta social, en el caso que su impacto afecte a terceros, existen muchos recursos, no soy el indicado para listarlos aquí, aunque sí adelanto que éstos deben ser democráticos.

Asesinar a la sociedad no es democrático. Con cada ciudadano asesinado se mata una posibilidad democrática. Con cada texto servidor haciendo su trabajo sucio para el poder, se acribilla una de las libertades básicas: la libertad de expresión.