* DUARTE: COSTOSO DESLIZ

Ahora que aparentemente se ve “atrapado y sin salida”, algunos connotados priistas se

preguntan a partir de qué momento se dio el punto de quiebre del gobernador Javier Duarte,

pues recuerdan que todavía hace un año la suerte le sonreía, ya que contra todos los

pronósticos había logrado sacar triunfantes a la mayoría de sus candidatos en la elección

federal de julio de 2015.

Su problema, al parecer, es que este engañoso resultado le habría hecho suponer que nueve

meses después podría imponer como sucesor al candidato de sus preferencias y así asegurar

la continuidad priista y la de su grupo.

Pero de hecho el control de su sucesión se le fue a partir de diciembre de 2014, cuando

luego de una breve charla con el presidente Enrique Peña Nieto en el puerto de Veracruz,

aprovechando el buen ánimo del mexiquense que había acudido a la XXIV Cumbre

Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, obtuvo la aprobación del Jefe del

Ejecutivo federal para enviar al Congreso local una iniciativa de reforma para homologar la

elección de gobernador con la presidencial a partir de 2018, lo que obligó a que en 2016 se

eligiera a un mandatario estatal para una administración de solo dos años.

Ensoberbecido perdió el piso, llegando a creer que tenía el pleno control político de su

partido y hasta de la oposición.

Por tratarse de un periodo tan corto, supuso que ninguno de los aspirantes fuertes de la

oposición y de su mismo partido se interesaría por participar, dado que el costo de la

elección sería similar que para un gobierno sexenal. Además llegó a argumentar que de esa

manera se pretendía impedir que la oposición de izquierda y de derecha se aliara porque en

la sucesión presidencial de 2018 seguramente iban a contender con candidatos propios.

Sin embargo, el cálculo político le falló rotundamente. Y es que, con esta decisión, el

primero en romper pública y abiertamente con él fue el senador Pepe Yunes Zorrilla, a

quien le había asegurado que esa iniciativa de reforma que inicialmente había sido

propuesta por el diputado local Julen Rementería, del PAN, jamás iba a pasar.

Luego, en septiembre de 2015, en vez de zanjar sus diferencias con el otro senador priista

Héctor Yunes Landa, terminó ahondándolas más al ridiculizarlo ante miles de campesinos

durante la ceremonia de toma de posesión del dirigente estatal de la CNC, Juan Carlos

Molina, donde aprovechando que era el cumpleaños del legislador le regaló una caña de

pescar para que atrapara a los peces gordos del PAN que viven en El Estero, en alusión a su

primo Miguel Ángel Yunes Linares, hoy gobernador electo.

El resto de la historia ya todo mundo la sabe: no pudo vetar la candidatura de Héctor, quien

para cerrarle el paso a los aspirantes del grupo de Duarte hizo una alianza con Pepe Yunes

para que el de Perote fuera nominado después en 2018, lo que provocó fisuras en el priismo

que hasta ahora no han sido selladas del todo; y tampoco pudo abortar la alianza PAN-

PRD que terminó postulando como candidato común a Miguel Ángel Yunes, sobre cuyo

triunfo corren versiones que no suenan descabelladas, entre ellas la presunta operación que

de última hora habrían hecho funcionarios del OPLE con las actas de escrutinio del 25 por

ciento de las más de 10 mil casillas del estado para inclinar la votación oficial a favor del

panista ante la fuerte tendencia del abanderado de MORENA, Cuitláhuac García Jiménez.

La hipótesis cobra fuerza porque casualmente durante la campaña, Yunes Linares acusó un

supuesto pacto de Duarte con Andrés Manuel López Obrador, y luego Héctor declaró que

también él sabía de las reuniones secretas del candidato de MORENA en la Casa Veracruz,

lo que obviamente no debió caer bien a Peña Nieto ni a los miembros de su gabinete que

aspiran a sucederlo en 2018, como tampoco al influyente ex presidente Carlos Salinas de

Gortari, autollamado “el villano favorito”, a quien López Obrador acusa de encabezar la

“mafia política” que desde 2006 le ha impedido asumir la Presidencia de México.

Si esta versión es cierta, entonces Duarte también se habría equivocado al pretender

entregar la gubernatura al candidato del enemigo jurado de Peña y Salinas, en vez de al

Yunes azul, quien ciertamente es su más encarnizado detractor pero políticamente venía

bien arropado por la alianza PAN-PRD, dos partidos cuyas dirigencias nacionales se

sumaron en 2013 al Pacto por México para sacar las reformas estructurales del gobierno

peñista, entre ellas la educativa que el magisterio de la CNTE, aliado de “El Peje”, sigue

rechazando y cuyas protestas tienen incendiado actualmente el estado de Oaxaca,

amenazando con expandirse a otras entidades del país.

Por eso no es casual que la dirigente interina del CEN del PRI, Carolina Monroy del Mazo,

prima de Peña Nieto, se haya deslindado públicamente de las maniobras legislativas de

Duarte para evitar la rendición de cuentas –al considerarlas legales pero no éticas–, y que

en la sesión del Congreso local de este jueves algunos diputados priistas y del PVEM muy

cercanos a Héctor y Pepe Yunes se ausentaran o se negaran a validar el nombramiento del

duartista Francisco Portilla Bonilla como titular de la nueva Fiscalía Anticorrupción, así

como la designación de Gabriel Deantes Ramos, el principal operador electoral del

duartismo, quien pretende blindarse con el fuero de comisionado del Instituto Veracruzano

de Acceso a la Información (IVAI).

CARVALLO, ¿AL CDE DEL PRI?

Por cierto, el que presuntamente estaría por retornar a la presidencia del CDE del PRI es el

diputado federal por el distrito de los Tuxtlas, Jorge Carvallo Delfín, sí, el mismo que en el

reciente proceso interno para elegir al candidato de la alianza priista “Para mejorar

Veracruz”, amagó con registrarse como precandidato pero por el Partido Verde Ecologista

de México (PVEM), intentona que declinó una vez que el senador con licencia Héctor

Yunes Landa lo buscó y habló con él.

Desde entonces se alejó de la entidad y regresó faltando sólo una semana para que

concluyeran las campañas, presumiendo que había sido designado como “delegado

especial” por el Comité Ejecutivo Nacional del PRI. Ahora anda atribuyéndose los triunfos

de los candidatos a diputados en los distritos de Pánuco, Papantla, San Andrés Tuxtla y

Acayucan, donde los abanderados –con excepción del ex alcalde de Coyutla, Basilio Picazo

Pérez, del Totonacapan– lograron salir airosos por el trabajo personal y el apoyo de otros

grupos políticos y de poder que lograron concitar en torno a sus candidaturas.

Carvallo, según versiones periodísticas, habría sido objeto de reproches por parte del

gobernador Javier Duarte en una reciente reunión en Casa Veracruz, la cual abandonó sin

despedirse del mandatario.

Aunque está muy identificado con el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán, quien lo tuvo de

secretario particular y luego lo impuso en noviembre de 2008 como presidente del CDE del

PRI en sustitución de Pepe Yunes Zorrilla –quien era mal visto por la camarilla fidelista

porque siempre se resistió a responder y denostar al aspirante del PAN a la gubernatura,

Miguel Ángel Yunes Linares–, en esta ocasión Carvallo se ha encargado de filtrar que

vendría con el apoyo del grupo del Estado de México, al cual pertenece la dirigente

nacional interina Carolina Monroy del Mazo, y hasta con la bendición de Carlos Salinas de

Gortari, cuya relación cultivó a través de un asistente personal del ex Presidente, al cual

cooptó mediante millonarios contratos de obra pública en Veracruz desde el sexenio

pasado.

De confirmarse el arribo de Carvallo en sustitución de Amadeo Flores Espinosa en la

presidencia del CDE del PRI, la dirigencia del partido tricolor sería bastante cómoda para el

gobernador electo del PAN, Miguel Ángel Yunes, pues en la Casa Veracruz no olvidan que

el diputado federal de Los Tuxtlas fue quien a finales de 2011, como líder del Congreso del

estado, acercó primero con Javier Duarte al entonces diputado local Fernando Yunes

Márquez, y que luego, a través de éste, el mandatario priista terminó reuniéndose a

principios de 2012 con el jefe del clan panista de Boca del Río, quien habría pactado con el

gobernador colaborar para que en la entidad ganara el candidato del tricolor a la Presidencia

de la República, Enrique Peña Nieto, a cambio de apoyo mediático y electoral para que su

hijo menor llegara a la Cámara alta del Congreso de la Unión como senador de primera

minoría.

Duarte, como ya se sabe, cumplió con su parte; Yunes Linares habría faltado a su palabra,

pues en Veracruz ganó la elección presidencial la candidata del blanquiazul Josefina

Vázquez Mota. Desde entonces el encono del priista así como el de su virtual sucesor

escaló a niveles extremos que ahora han complicado y crispado el proceso de transición.

¿Cómo líder formal del priismo veracruzano Carvallo ahora sí saldría en defensa de su

todavía “jefe político” o hará suya la clásica frase popular de “el Rey ha muerto, ¡viva el

Rey!”?