Cuenta la anécdota que estaba un presidente municipal en un evento y un ciudadano

empezó su perorata:

– El presidente es un ratero, robavacas, abusivo, es un rufían

Un amigo le dice al presidente:

– ¿No vas a hacer nada?

El presidente imperterrito responde:

– A la primera mentira le rompemos la madre.

Cuándo el presidente panameño Omar Torrijos, aterrizaba en la isla de Contadora, el

borracho del pueblo llegaba debajo de su ventana y gritaba:

– Torrijos hijo de puta, y de ahí se seguía

El general se asomaba e intercambiaba insultos con el borracho, hasta que éste se

cansaba. Una catarsis perfecta para el gobernante y el ingenio popular que así

ajustaba cuentas.

A la mejor el borracho se atrevía a lo que el ciudadano de a pie hubiera querido hacer

pero se frenaba por miedo a la guardia, la que según llegue a observar era mínima. Me

tope con Torrijos en un bar en Panamá, el bebía una copa de vino con una mujer y

pasamos junto a su mesa sin que nadie nos molestara.

Las anecdotas seguramente son espuria, como lo son casi todas, porque rara vez un

ciudadano se atreve a decirle a un gobernante lo que piensa de él, de frente y en su

cara, mucho menos en un acto público, excepto por los recientes discursos de niñas en

Oaxaca y Chihuahua que increparon con energía a sus gobernadores.

La gente habla de los políticos y muchas veces las historias se agrandan, ya sea porque

se piensa que exagerando la historia esta se vuelve más creíble, o porque la gente

piensa que ya no hay límite para la infamia.

En una visita a un campo menonita, un personaje nos dijo:

– Ya le cambiaron el nombre al Estado, ya no se llama Chihuahua, ahora se llama

Estado de Duarte.

La exageración se apodera de las explicaciones porque no exigen comprobación.

Le pregunté a un especialista en mercadotecnia política por qué el PRI nominó a

Ivonne Álvarez si era una candidata tan mala, su respuesta me heló:

– Medina le compró la candidatura a Peña por 1,000 millones de pesos.

Si esto es cierto, el sistema político mexicano se ha hundido hasta lo más profundo, y

si no es cierto, el sistema se ha hundido, porque la gente cree que es cierto.

La calumnia ha calado hasta lo más profundo del imaginario social y político, la gente

cree todo lo que le cuentan y hasta lo aumenta, porque cree que todo es posible. No en

vano cualquier político dice que “Todos tienen su precio, solo falta que le lleguen”.

César Duarte se dice calumniado y tiene razón en quejarse por no tener la libertad de

defenderse. Pero hay dos demandas en la Procuraduría General de Justicia de la

República, que de avanzar y mostrar su inocencia le permitirán avanzar por la vida

con la frente en alto y la conciencia de no haber violado la ley, sin embargo, los

querellantes se quejan de la lentitud de la procuraduría y hasta sugieren que ambas

demandas duermen el sueño de los justos.

Si Duarte tiene un pasivo de 3,000 millones de pesos a acreedores y elevó la deuda de

forma escándalosa, muestra su mala administración de Chihuahua, lo que no lo hace

corrupto, luego entonces podría proceder a demandar por difamación a los que lo han

acusado de corrupto. El ha respondido de forma insatisfactoria a la acusación de

haber comprado acciones en un banco, al que posteriormente el gobierno le inyectó

una cantidad asombrosa de recursos.

Lo interesante es que nadie lo demande penalmente por las acciones que en privado

se le atribuyen, y que de acuerdo al menonita, le han permitido apoderarse del Estado,

lo que sin duda es una exageración. Hay rancheros que calculan que tiene más de

40,000 hectáreas.

Es muy importante que la imagen de los gobernantes este limpia, no solo porque es de

justicia para ellos, sino porque el país requiere una imagen de honestidad y elevada

calidad moral. México pierde en el mundo cuándo a su presidente le gritan asesino al

llegar a las reuniones internacionales, o cuándo los grandes líderes políticos lo hacen

de menos.

Duarte y Chihuahua ganarían mucho, si se forma una comisión ciudadana que revise

las acusaciones que se le hacen. Esta comisión debe tener acceso a información que

muestre que no hizo nada indebido y si algo se hizo que castiguen a los culpables; que

los negocios del gobernante son legítimos y que no utilizó el poder para enriquecerse.

De mucho serviría si el gobernante, estando en el poder, muestra su 3de3, para

ahuyentar las dudas sobre su probidad.

Gobernantes honestos son una garantía para la democracia y la señal social y política

de que podemos confiar en ellos.