Sin tacto

 

Por Sergio González Levet

 

El huracán

—Ya ve usted qué feo nos pegan a nosotros las tormentas, y todo porque vivimos al lado de un río que es hermoso, que nos da dones y bendiciones, pero que de repente cuando se encabrita nos quita todo: lo poquito que podamos tener de patrimonio: que la siembra, que los animalitos del corral, que las vacas… y además también le puede quitar la vida a personas que queremos, como mi abuelo, que se lo llevó la crecida de 1995 porque se quedó dormido en su casa, y nunca pudimos encontrar su cuerpo.

El paisano me cuenta otras historias de familiares y vecinos que fueron afectados en sus vidas y haciendas, en lo que es una larga fila de lluvias torrenciales y traicioneras, de inundaciones y pérdidas que cuentan la historia de un miedo permanente ante esa masa de agua que discurre junto a ellos, de la que viven y de la que mueren también.

—Tengo que reconocer —me dice convencido— que antes teníamos que estar pendientes por nosotros mismos, pero que ahora hay… cómo se llaman… protocolos de seguridad, que nos han traído los de Protección Civil. Ya tiene como diez años o un poco más, que cuando viene un huracán nos previenen los del meteorológico, se hacen reuniones del ejército, los marinos y funcionarios estatales. Y así empiezan a sacar a la gente que vive en las partes más bajas ya tomar varias medidas preventivas. Con eso se han evitado muchas desgracias, viera usted.

Ha empezado a llover en esa zona del sur veracruzano y nos escampamos en su choza, en donde acepto un café de olla que me ofrece la esposa de mi amigo. Y con la bebida, ella me explica que además de apoyos, han recibido varios cursos de información sobre el fenómeno de los ciclones, en los que ella ha destacado como la mejor alumna.

—¿Sabe cómo se forma un huracán? Pues yo se lo explico como me lo dijeron los maestros de la Universidad Veracruzana que vinieron a enseñarnos. Antes que nada debo decirle que los huracanes son tormentas grandes, y que se llaman de diferente manera según el lugar en donde se producen. El nombre científico para estos meteoros es ciclón tropical, pero a los que se forman en el Atlántico y en el Pacífico se le llaman huracanes, y en el sur de Asia les dicen tifones.

Doña Margarita, que así se llama la señora, saca sus apuntes hechos en un viejo cuaderno y me dicta su conocimiento:

—Mire usted, los ciclones tropicales son una especie de motores gigantes que usan aire cálido y húmedo como combustible. Por eso se forman sólo sobre océanos de agua templada, cerca del ecuador. El aire cálido y húmedo sobre los océanos se eleva desde cerca de la superficie. El aire con mayor presión de las áreas circundantes llena el área de baja presión. Luego, este nuevo aire se torna cálido y húmedo y también se eleva, y el aire circundante gira para ocupar su lugar. Cuando el aire cálido y húmedo se eleva y se enfría, el agua en el aire forma nubes. Todo el sistema de nubes y aire gira y crece, alimentado por el calor del océano y el agua que se evapora de la superficie…

Aquí doña Margarita se me quedo viendo con su picardía jarocha, y me soltó el fruto todo de su conocimiento, su conclusión final

—Y entonces, mijo, con toda esa cantidad de agua y esosvientos pavorosos… ¡nos cae el chingadazo!

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