Sin tacto

 Por Sergio González Levet

 

Un arcón con 4 millones de libras (1)

Esto que les voy a contar sucedió en la realidad, y me lo platicó un asiduo concurrente a esta columna que vive en Mérida, lo que me da gusto porque nunca está de más tener un lector yucateco.

Mi amigo lejano en el espacio y cercano en la consideración me cuenta que hace unos cuatro meses empezó a tomar un curso de inglés, y se le ocurrió buscar en el Facebook a personas que hablaran el idioma de Shakespeare, para entablar relación con ellas, practicar su grafía y conocer algo de la cultura sajona.

Y encontró -o lo encontraron rápidamente (dice Luis Prom Plandiura que los misantecos son tan buenos para el dominó, que sales a buscar un pendejo para jugar y dan contigo)- a un nativo de Nueva York que era ingeniero petrolero y trabajaba para una de las grandes compañías norteamericanas ¡en Siria!

Durante varios meses se estuvieron comunicando por esa vía, al grado que el boshito consideró que había hecho un buen amigo, quien le contaba cosas de su vida, le preguntaba otras de la suya… y extrañamente le reiteraba constantemente su intención de invertir en México el dinero que había logrado ahorrar en su vida.

El mexicano le preguntó por qué no invertía sus ahorros en su propio país, pero su lejano corresponsal le respondió que Estados Unidos era una nación muy desarrollada y no había oportunidades tan buenas como en México.

El individuo pretendía comprar un edificio de oficinas y otros de departamentos para rentarlos, y buscaba alguna ciudad con buena perspectiva comercial e industrial.

Obvio, la primera recomendación fue la propia y blanca Mérida, aunque también le mandó alguna información sobre Monterrey y Guadalajara.

Desde Siria, el ingeniero, que se hacía llamar John Houston, empezó a insistir más en el tema y le fue deslizando a nuestro connacional la propuesta de que participara en el proceso de las inversiones, a cambio de alguna buena comisión.

Roberto Kahuich -que así se podría llamar nuestro lector, aunque evidentemente es un seudónimo-, estuvo de acuerdo y le pasó algunos datos personales, como el número de su celular, su correo electrónico y su domicilio.

Y el lunes de esta semana explotó la bomba: el ingeniero Houston se comunicó con el señor Kahuich y le dijo que la filial inglesa de la compañía petrolera le acaba de autorizar el pago de 4 millones de libras esterlinas por los contratos que había culminado con ella, y que iba a enviarlos de inmediato a México, para empezar la compra de inmuebles. Le pedía por tanto que él recibiera ese dinero, que le transferiría a su cuenta de banco y esperara a que el ingeniero gringo llegara a México, lo que ocurriría en un mes.

Bueno, Houston se volvió a comunicar con Roberto y le explicó que como él se encontraba en Siria, y para más en un campo de refugiados y resguardado por fuerzas armadas, no podría hacer la transferencia del dinero de un banco de Londres a otro mexicano, por lo que había decidido contratar los servicios de una agencia internacional de envíos, para que le llegara el dinero en efectivo: 4 millones de libras que irían en un arcón de roble… (continuará)

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