Sin tacto

 

Por Sergio González Levet

 

Hosmé Israel

El 24 de agosto de 1974 Hosmé Israel estrenó en la Sala Dagoberto Guillaumín, que entonces solamente se llamaba Sala Chica del Teatro del Estado, el monólogo La virgen loca, que él mismo había escrito y que consolidó actoralmente gracias a la dirección exacta de Enrique Pineda.

La puesta fue todo un éxito… y así empezó la leyenda.

Para la Organización Teatral de la Universidad Veracruzana (Orteuv), que así se llama la compañía titular de la casa de estudios, esa obra en la que participan únicamente dos de sus miembros más conspicuos, más icónicos, representa la más exitosa, la más premiada, la más vista y la más reconocida. Y no es poco decir de un drama interpretado por un solo actor, que destaca entre muchas puestas en escena de la Orteuv hechas a todo lo grande, con grandes estrellas, directores, productores, y enormes presupuestos.

En 2004 le dieron el Record Guinnes a Hosmé y a la Virgen loca, que gracias a su presentación ininterrumpida durante 41 años fue reconocida como la puesta en escena que más ha permanecido en cartelera en todo el mundo.

Así que el muy próximo 24 de agosto de 2016 se iban a cumplir 42 años de presentaciones ininterrumpidas de la Virgen Loca, pero Hosmé decidió morirse 10 días antes, el domingo 14 de agosto, y con ello entró a la historia como lo que fue en vida: un símbolo irremplazable del teatro universitario en Veracruz.

Hosmé estudió en el Instituto Superior de Filosofía una licenciatura rara, en Lenguas Muertas, pero a cambio se convirtió en un dramaturgo lleno de gran vitalidad, que vivió prácticamente toda la historia teatral contemporánea de la UV, pues se había integrado como miembro de la compañía en 1973 y siempre permaneció en su puesto.

No obstante el enorme éxito de su monólogo, al maestro Israel le parecía su papel más importante y el que más le había gustado el que hizo como el Cardenal en Cúcara y Mácara, obra de Óscar Liera que puso originalmente la Infantería Teatral de Enrique Pineda -que tanto lustre le dio también a nuestra universidad-, y se hizo lastimosamente famosa porque sus actores fueron objeto de un atentado del ultraconservador MURO (Movimiento Universitario de Renovadora Orientación), cuyos miembros llegaron la noche del 28 de junio de 1981 al teatro Juan Ruiz Alarcón de Ciudad Universitaria y atacaron a los actores con tubos, causándoles numerosas y graves heridas.

Con Hosmé se va toda una época de nuestro teatro veracruzano, y no es decir poco que él vivió, formó y conformó la época dorada durante el rectorado inolvidable para las artes de Roberto Bravo Garzón.

Yo no sé cómo van a llenar en adelante los amantes del teatro xalapeño esas una o dos o tres noches de agosto en las que acudían a ver o a re-ver, a disfrutar o re-disfrutar la graciosa y profunda virgen loca de Hosmé, que curiosamente con ser la misma y con el mismo actor siempre parecía diferente, porque cada presentación era -a la Ortega y Gasset- ella y su circunstancia. Y era como ver una puesta diferente, de la que nos sabíamos el final pero que sorprendía cada vez por las pequeñas diferencias que se permitía su ejecutor, que al mismo tiempo era el autor.

Cómo vamos a extrañar a Hosmé, y se nos antoja que allá en el cielo va a tener que usar toda su seducción -lo que hará con éxito- para que le dejen presentar su monólogo de título difícil en aquellas alturas, pero cercano a ellas por la excelsitud de su arte.

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