(A propósito de las manifestaciones)

Por: Banjo Savant

No será la primera ni la última vez que veamos envueltos en una apelotonada manifestación, huelga o paro por un bien común dentro de la sociedad. A lo largo del tiempo, éstas han servido como símbolo de protesta e inconformidad ciudadana. Llevo años preguntándome si acaso tienen algún resultado positivo. En lo personal, sólo he participado en una y no me enorgullece en absoluto haber estado en ella. Fue precisamente esa primera ocasión en la que nació la pregunta porque en lo que a esa marcha concierne, hubo alteración del orden, daño a propiedad ajena e inocente. Deslices primitivos sin relación con la protesta (pacífica) causaron en mi persona una serie de desagrados y cuestiones relevantes.

La mañana del día de hoy, le insistí a mi cabeza: ¿sirven de algo las manifestaciones?. Lo primero que pensé fue en que no me simpatizaba estar en una porque limitaría el tráfico y perjudicaría a personas como yo intentando llegar a tiempo al trabajo. Inmediatamente después estaba pensando “si yo tuviera una disconformidad, la expresaría…” como lo estoy haciendo ahora, aunque no precisamente, yo quiero evitar perjudicar a terceros. Volviendo con la pregunta, tras analizar la situación y los contextos históricos me di cuenta que el éxito de una protesta yace en una balanza, es decir, puede o no servir.

La cronología muestra que las manifestaciones han tenido fracasos y éxitos. Los resultados satisfactorios se han dado inmediatamente o han repercutido días, meses o años después. Tan sólo la independencia y la revolución mexicana estuvieron activas por protestas y conflictos armados al menos por diez años. Después de ese tiempo, la manifestación tuvo éxito. Otro ejemplo como la primavera árabe, se ha contrapuesto ante la situación bélica en países del Medio Oriente pero aún sin un resultado benéfico para la gente que se ha manifestado.

Más allá de valorar estadísticamente si las manifestaciones sirven de algo o no, les diré en lo que radica su éxito. Me baso en la observación de los resultados históricos. El punto clave para que una protesta sea escuchada y así tener una oportunidad de generar un cambio, es la heterogeneidad del grupo o masa. Y para sostener mi argumento tomaré de ejemplo de nuevo a la independencia mexicana. La independencia del Virreinato de Nueva España fue posible por caudillos militares, estrategas entrenados, pero cabe señalar que también se debió a que en ella participaron ciudadanos de todos los estratos sociales de la época, de todas las razas que hasta el momento habían surgido. Por un momento breve, una masa se congrego de manera heterogénea para protestar con una sola voz.

El ejemplo se puede repetir en las manifestaciones que han tenido éxito, siempre y cuando la voz sea una y en ella converja el sentimiento de toda clase de personas. Un dato importante que quisiera agregar, es que podría tener incluso mayor éxito si somos empáticos con la situación. Como lo expresaba Adam Smith en La teoría de los sentimientos morales, el proceso de simpatía suprime la tendencia humana del egoísmo en una persona y la hace ponerse en el lugar de otra, aun sin obtener un beneficio de ello.

La guerra no ha cesado en varias partes del mundo porque no están denunciándolo todos, no quiero generalizar pero dudo que las personas que se dedican a la venta de armamento estén saliendo a manifestarse por la paz, también dudo que cristianos ortodoxos marchen en pro de la unión entre personas del mismo sexo, así como ingenieros civiles en contra de daños ambientales. Todos obtienen un beneficio y es el problema del porqué no sirvan las manifestaciones algunas veces. Simpaticen con alguna causa que les atraiga y le falten miembros para su característica miscelánea. Verán que al menos serán oídos.

No pretendo anteponer mi forma de pensar, tan sólo quiero ser ese  espectador imparcial, propuesto también por Smith en la teoría previamente mencionada. Es precisamente como nombré esta columna, que aboga por el bien moral. Un empeño heterónomo por excelencia, el espectador imparcial pretende constituirse en la alternativa comunitaria a la conciencia individual, en un ingenio maquinado para contrarrestar la energía del yo moral.

Saludos.