Banjo Savant

I don’t want to be a soldier

Hoy escribo resguardado desde mi trinchera. Estoy herido y debo permanecer en reposo si quiero recuperarme. A pesar de mi dolencia, estuve dispuesto a realizar las labores que me han adjudicado mis jefes inmediatos. ¡Y cómo no hacerlo! Mientras lo hacía, pude oír un puñado de buenas bandas con sus respectivas canciones desde un radio portátil. Si la comida insípida que sirven aquí, no me satisfizo, la dosis musical surtió efecto como sedante para mi aflicción muscular. Ha sido un día de emociones dicotómicas.

No, no estoy en la guerra. Es una simple analogía aplicada a una labor ‘obligatoria’ que debemos cumplir. Personalmente, no realicé mi servicio militar por un andar procrastinando. Ahora que sé cual es la intención de dicho servicio, prefiero no concluirlo. Y digo, al menos aquí en México no te dan cárcel por incumplimiento de deberes como ciudadano; según sé, en E.U. sí hay una penalización.

Tengo un fetiche por el conocimiento y las historias de guerra. No hay ningún morbo de por medio, es una auto concientización de mi capacidad humana. Me interesa saber las razones (inexactas, casi siempre) por las cuales, un país se enfrenta a otro. Me desgarra ver todas esas fotos en blanco y negro que develan una pequeña parte del mundo hecho añicos. No me pregunten el porqué, creo que sólo quiero saber en qué erró cierta sociedad o cierto gobierno. Al final no veo naciones en conflicto, sino hombres peleando con hombres sin saber el motivo real.

No quiero comenzar a hablar de la guerra, según Kurt Vonnegut, autor de una famosa novela anti-guerra: “Después de una carnicería sólo queda gente muerta que nada dice ni nada desea; todo queda en silencio para siempre. Solamente los pájaros cantan”. Y qué bonita alusión el que sólo los pájaros canten, pues es precisamente a través de una canción, que alguien puede hablar de lo ocurrido.

La semana pasada se presentó Roger Waters en el zócalo capitalino, como ilustre pajarito avisando en sus cantares la tragedia de la guerra. No toda la gente lo sabe pero él es un ejemplo fiel de las consecuencias de la guerra. Roger perdió a su padre durante la Segunda Guerra Mundial y este suceso marcó los ideales y posturas del músico. A pocos sorprendieron los mensajes contra EPN o Donald Trump. Después de todo The Wall representa todo ese resentimiento contra la guerra y el mal gobierno; pan de cada día en esta agotada nación.

Roger, al igual que Kurt Vonnegut, Lennon, Phil Ochs, Dylan, Neil Young, no son más que voceros del pacifismo, como muchos otros artistas o músicos. Y presentan una oportunidad única de cambio en la conciencia de las personas cuando emiten un mensaje. Su voz es nuestra voz a través de un megáfono. Puede que la mayoría de mexicanos estén en extremo desacuerdo con el gobierno y lo manifiesten constantemente pero el día del concierto unieron su voz con la de Roger. Estoy seguro de que el mensaje fue escuchado y visto a través de internet y es lo que cuenta si recuerdo mis escritos anteriores.

La magnitud del concierto, aunque reciente, será recordado como un hecho histórico sobre muchos. Ese día, miles de mexicanos y no mexicanos se desfogaron, se agitaron y cantaron junto a uno de los integrantes de Pink Floyd para exigir un alto a la violencia mediante consignas definitivas al Estado. Para aliviar el estrés, para tomar el control de las calles momentáneamente; como dijo Monsiváis: “… porque el civismo se ha atrofiado, y el patriotismo ya tiene muy pocas oportunidades de existir…”

Así pues, me gustaría concluir que no daría mi vida por esta nación, estaría peleando sin motivo pero sí me gustaría hacerla de patriota en un recordado concierto. Me gustan mucho los conciertos, más que la guerra. No hubiese querido ser un soldado. A lo mucho quisiera ser un pajarito cantando algo en son de protesta contra la guerra.