Una plática con Gabriela Moncayo (Sección musical sin nombre… todavía)

Banjo Savant

¿Recuerdan aquel momento preciso y definitivo en el que descubrieron la música? ¿Recuerdan lo que les fascinó de ella, lo que congeló la escena por el impacto y la repercusión que tendría en la vida de nosotros como seres humanos? Sé que lo hacen si la aman o viven pegados a ella. En mi caso personal, recuerdo que pasaba la mayoría de mi tiempo como infante en la casa de mis abuelos y los ritmos que salían de ahí eran esencialmente la salsa, alma máter de mi abuelo como músico. También había melodías frenéticas. Más tarde supe que son categorizadas como latin jazz. Escuchaba cumbias en la radio y cómo olvidar a la Internacional Sonora Santanera, pan de cada día en el hogar de la senectud. Así fueron los primeros momentos en que me atrapó la música.

     La tarde del miércoles entrevisté a una amiga que conocí por azares de la música, como dice ella. Desde que la conozco, la admiro mucho como música. Ella es Gabriela Moncayo y ha impregnado su voz en varias bandas de la escena xalapeña como Lava de Hawaii y actualmente con Guacamole. No sabía cómo comenzar con esta entrevista que resultó una plática, así que decidí hacerle las preguntas iniciales que ya conocen.

     Para Gabriela, el momento en el que la música se hacia su compañera, pasó mientras su casa era tomada como el recinto de ensayos de la banda de su padre, cuando ella tenía tres años. Con una casa rodeada de instrumentos, la curiosidad en ese momento la llevó a probar tocando la batería, la guitarra y el bajo con fines lúdicos pues estaban a su disposición.

     Me interesó saber el nombre de la banda que tenía su padre pero no lo logró recordar. Sin embargo, sostiene que sus integrantes eran una institución en la escena xalapeña de aquellos años. Martín Trueno tocaba la guitarra, Héctor Cabrera El Cabra estaba en el bajo y su padre, Salvador Moncayo, se encargaba de la batería. Ellos conformaban la banda y su padre principalmente le heredaba su gusto y pasión por la música.

     A los siete años, al notar las aptitudes e inquietudes de Gabriela, su padre la metió a una escuela para que aprendiera teoría musical, lectura de notas y ejecución

 —¿Cuál es tu instrumento principal? —le pregunto. Ella me dice que la voz, e inmediatamente recuerda que estuvo en un coro donde fue invitada. Este coro le brindó la oportunidad por primera vez de formar parte de un grupo y de viajar en una gira allá por 1997.

     Prosigo con la conversación y ahora me intereso por las bandas que ha tenido y en las que ha estado. Antes de comenzar a enumerarlas y describirlas, me dice que casi siempre la ha acompañado su gran amigo Alberto Miranda, pianista también xalapeño. Con él tuvo una banda llamada Black Souls en la que tocaban covers de los Beatles. Tiempo después pasaron a tocar reggae con una banda llamada Silencio Incómodo. Como el nombre era malo decidieron cambiarlo por uno más malo todavía —en palabras de Gabriela— y el resultado fue Mal de Ojo. Con esta última banda, lograron sacar un álbum y estar en el gusto de la gente por un lapso de cuatro años aproximadamente. Después vendría Lava de Hawaii, una agrupación que ejecutaba una amplia fusión de géneros como el jazz, funk, rock, reggae y hasta bossanova. Grabaron un EP y reconoce que con Lava obtuvo mayor reconocimiento como músico, se encargaba de la voz principal. Una banda más a manera de colectivo llamado Endless Beat, figura dentro de los proyectos de Gabriela. Este último trata de rescatar las raíces del funk.

     La banda más reciente de la que forma parte es Guacamole y es sin duda la que mejor difusión ha tenido. Los ritmos que ensamblan son una reminiscencia a la urbanidad, fusionando el jazz y el rap, entre otros. Ser la voz de Guacamole la ha llevado a presentarse en festivales fuera del estado como Cumbre Tajín y el Festival de Jazz de la Riviera Maya.

     Terminando con las bandas, le pregunto a Gabriela sobre su trabajo en solitario, mismo que me incitó a realizar esta entrevista. Comienza diciéndome que por ahora lleva dos canciones grabadas con ayuda de su amigo Christian Cano en las guitarras y la producción está a cargo de Maurilio Castillo, chelista de la Orquesta Sinfónica de Xalapa quien también posee un pequeño estudio en donde se han llevado a cabo estas producciones.

     —¿Y qué tipo de música es la que manejarás en tu producción en solitario? —inquiero con curiosidad.

     Ella dice que quiere plasmar varios tipos, que sus composiciones son aleatorias y el género no importa. “Que la gente que me escuche diga: es Gabriela” -declara como insigne de su inconformidad ante un encasillamiento de géneros-. Gabi tiene ideas de canciones que aún no están armadas. Pero de las que ha grabado, una es un bolero muy tradicional y el otro es un cover en un estilo estándar de bossanova llamado Samba em preludio, original de Baden Powell y Vinícius de Moraes. En este proyecto en solitario que aún no tiene un nombre específico, Gabriela quiere intentar tocar baterías, guitarras y bajos por su cuenta, además de su rico timbre de voz de canto.

     Como último dato de su proyecto, Gabriela confiesa que se había postergado demasiado y estaba insegura a lanzarse a hacerlo pues es difícil y más si vienes de una banda. Trabajar en solitario es un paso grande. A pesar de la dificultad, los proyectos anteriores e inmediatos la respaldan. “Quiero utilizar esa versatilidad que me ha dado el conocimiento previo, es hora de ponerlo a prueba, de sacar algo de mí, al público.”

     El próximo 16 de diciembre, Gabriela presentará su proyecto solista en el bar La Central de la ciudad, acompañada de amigas y colegas con voces talentosas como Amanda Lafita y Alejandra Paniagua, de quienes está orgullosa y entusiasmada por compartir escenario por azares de la música.

     Con Guacamole, estarán presentándose como teloneros para el concierto de Molotov + Los Victorios este 18 de noviembre en Xalapa. “Estaremos atendiendo al público xalapeño”, comenta Gabi, e insinúa las adversidades a las que se enfrenta una banda local al abrirle a bandas de más reconocimiento. Cree, al igual que un servidor, que compartir escenario con músicos más experimentados, es lo que hace crecer a una banda y empezar a tener más oportunidad en la escena musical.

     Para rematar, le pregunto: ¿qué te gusta además de la música? Y Gabriela me dice: conocer nuevos lugares y viajar. “Viajar siempre me libera, conocer nuevos lugares siempre es bueno para los ojos y para el alma”, y damos por con concluida la plática.

     Al ser la música, la que la hace viajar en más de un sentido, está agradecida de disfrutar de las cosas que más le gustan de modo cooperativo.

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